Aunque a muchos les cueste creerlo, ese torbellino peludo que corre por toda la casa después del baño no está hüyendo de ti ni del jabón. Lo cierto es que los perros experimentan una auténtica fiesta sensorial después de ser bañados, y su efusividad tiene razones más profundas que simplemente “querer secarse”.

Para muchos peludos, el agua tibia, el masaje relajante y la atención exclusiva se traducen en una experiencia positiva que los conecta con sus humanos y con su propio bienestar. El famoso «zoomie» postbaño, ese correteo desbocado y lleno de vueltas, es una mezcla de felicidad, alivio, emoción y pura energía contenida que por fin se libera.

También es cierto que, si no se usa el producto adecuado, algunos pueden sentir cosquilleo o una ligera irritâción, lo que potencia aún más esa conducta eufórïca. Por eso, los expertos insisten en que un buen baño canino empieza por champús especiales, agua templada y manos que transmitan calma.

Lo curioso es que, aunque algunos perros parezcan odiär el proceso, muchos terminan amándolo en secreto. Su cuerpo se siente más ligero, su piel respira, y ellos… bueno, ellos lo celebran a su manera.

Con información de: El Espectador

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