Mantener el suelo de las plantas en buen estado no siempre requiere productos químicos ni abonos de precio elevado. A veces, los recursos más sencillos del hogar pueden marcar la diferencia entre una planta que prospera y otra que languidece sin motivo aparente. El interés por la fertilización natural ha impulsado la búsqueda de alternativas accesibles y sostenibles. Y curiosamente, el arroz crudo ha pasado a ser objeto de análisis por parte de expertos en biología del suelo y jardinería científica.

Enterrar granos de arroz crudo en la tierra de las plantas activa un proceso biológico que suele pasar desapercibido: la proliferación de microorganismos beneficiosos. Al entrar en contacto con la humedad del suelo, el almidón del arroz comienza a descomponerse. Esta descomposición no es un problema, sino precisamente el mecanismo que da valor a la técnica. Los microorganismos del suelo (bactêrias y hongos que trabajan en simbiosis con las raíces) utilizan ese almidón como fuente de energía.

Al alimentarse de él, se multiplican y dinamizan el ecosistema subterráneo, lo que redunda directamente en la salud de la planta. Además del almidón, el arroz contiene pequeñas cantidades de minerales como fósforo, potasio, zinc y magnesio, todos ellos esenciales para el crecimiento vegetal. Su liberación es lenta y sostenida, lo que convierte al grano enterrado en una especie de fertilizante de acción prolongada.

El efecto sobre el suelo de las plantas es progresivo: no se percibe de un día para otro, pero con aplicaciones regulares (una cucharada sopera cada dos meses en plantas medianas), los resultados se acumulan de forma notable. La efectividad del método depende en buena medida de la forma en que se aplica. Lo primero que hay que saber es que debe usarse arroz de supermercado, el tipo estándar sin germinar, ya que su tratamiento industrial impide que los granos den lugar a nuevas plantas dentro de la maceta.

Y desde luego, la cantidad importa. Para plantas medianas, basta con una cucharada sopera bien repartida en círculo sobre la superficie de la tierra. Para plantas pequeñas, media cucharada es suficiente, y para las más grandes se puede llegar a dos. El paso siguiente es esencial: mezclar ligeramente los granos con la tierra y regar de inmediato.

Con información de: TN

¿Qué opinas de esto?