El futuro ya no es una promesa, tiene brazos, sensores y un cerebro digital. Se llama G2, y es el robot humanoide creado por la empresa china Agibot para transformar la forma en que entendemos el trabajo. A diferencia de los clásicos robots industriales que solo repiten movimientos, el G2 fue diseñado para adaptarse, pensar y hasta “sentir” la presión de lo que sostiene, gracias a su sistema de control de fuerza y su brazo con muñeca en forma de cruz, capaz de manipular desde piezas metálicas hasta un huevo sin romperlo.

Más que un ayudante, G2 es un colega incansable. Puede trabajar las 24 horas gracias a baterías intercambiables “en caliente”, y soporta temperaturas extremas que van desde los -15 °C hasta los 50 °C. Su cintura articulada y su sistema de visión de 360 grados le permiten moverse con sorprendente naturalidad, evitando obstáculos como si realmente entendiera el entorno que lo rodea. En las fábricas donde ya opera, se ha convertido en un símbolo de eficiencia silenciosa: no descansa, no se queja y nunca llega tarde.

El secreto de su desempeño está en su “mente”. El G2 utiliza dos modelos de inteligencia artificial, GO-1 y GE-1, que combinan percepción visual y lingüística, planificación de tareas y simulación previa de movimientos. En otras palabras, el robot puede ensayar lo que va a hacer antes de ejecutarlo, reduciendo errores y optimizando su tiempo. Un cerebro que no solo obedece, sino que aprende.

Pero más allá de su potencia técnica, el G2 representa una nueva relación entre humanos y máquinas. Su presencia redefine lo que entendemos por trabajo físico y abre espacio a un estilo de vida laboral más creativo y menos agotador. Las tareas repetitivas, peligrosas o tediosas empiezan a delegarse en un asistente que no necesita vacaciones. Y aunque esto despierta inquietudes sobre el empleo, también invita a imaginar un futuro donde la productividad se equilibre con bienestar.

Con información de: El Universo

¿Qué opinas de esto?