Que gran parte de la Generación Z choca con lo que consideramos los estándares habituales a la hora de trabajar es algo que ya no sorprende a estas alturas de la película. Sin embargo, eso no impide que, frente a encuestas que recogen que el 95% de los jóvenes se escaquea de su puesto o tareas en horario laboral, sigamos sorprendiéndonos con la brecha generacional que ofrece la Generación Z al compararlos con sus mayores.

La gran mayoría de los jóvenes de la Generación Z admitían acogerse a trucos de dudosa legalidad y calidad moral en los que admitían escaparse del trabajo antes de hora, utilizar los bienes de la empresa para beneficio personal sin relación con su puesto, o incluso tomarse una siesta en horario laboral. De entre las 15 formas de escaquearse que presentaba la encuesta, la mayoría admitía haber realizado al menos una de esas acciones.

Entre esos logros profesionales, un 50% de los encuestados de la Generación Z asegura que la clave estaría en recibir sueldos más altos, pero está lejos de ser lo único que les motivaría a trabajar más y mejor. El resto de respuestas se reparte entre conseguir un ambiente de trabajo más positivo y menos tóxïco, la necesidad de proveer un sueldo a sus familias, y verse envueltos en una mayor cultura de reconocimiento y desafíos que les empujen a mirar su vida laboral con mayor entusiasmo.

La respuesta por parte de los investigadores del estudio es que, después de todo, en realidad la Generación Z no va tan desencaminada en sus pretensiones como podrían llegar a pensar sus jefes. Apostar por sistemas de comunicación abiertos, ofreciendo flexibilidad y priorizando la salud mental de los trabajadores, sin duda ayudaría a reducir estos escaqueos mucho más que apostando por controles horarios más estrictos, controles diarios o valerse de herramientas espía como monitorizar sus pantallas.

Con información de: La Vanguardia

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