Especialistas de UT Health Austin destacan que el amor ejerce impactos medibles en la salud: “Las investigaciones confirman que los vínculos afectivos contribuyen al bienestar mental y físico”. En ese sentido, el vínculo entre el afecto y la salud cardiovascular tiene un rol tangible: manifestaciones diarias de cariño como besos, abrazos, caricias y palabras amables pueden producir beneficios medibles en el corazón, según un reciente documento conjunto de la Sociedad Argentina de Cardiología y la Fundación Cardiológica Argentina.
De cara al Día de los Enamorados, las entidades subrayan que estas expresiones concretas de amor ayudan a propiciar un entorno fisiológico más favorable y estable para el órgano que, tradicionalmente, simboliza el amor. Estas conclusiones no son una metáfora ni una simplificación romántica. Distintos estudios recientes, reunidos y revisados en el informe difundido por ambas instituciones, detallan cómo los gestos de afecto reducen la activación de los mecanismos de ëstrés.
Los efectos no solo surgen de situaciones excepcionales, sino de rutinas cotidianas. Los besos, por ejemplo, generan cambios inmediatos en la química del cuerpo. Datos citados en el documento indican que, durante un beso afectuoso, se activan áreas cerebrales vinculadas al placer y la conexión emocional, promoviendo la liberación de oxitocina y endorfinas. Tan solo unos minutos pueden “favorecer la regulación del pulso” y disminuir la presïón arterïal. En parejas con vínculos cercanos y demostrativos, se registran perfiles de presïón arterïal más estables a lo largo del tiempo.
No se trata solo de besos: los abrazos también ofrecen ventajas medibles para la salud cardiovascular. La literatura científica documenta que un abrazo de al menos 20 segundos puede producir una reducción transitoria de entre 5 y 10 mmHg en la presïón arterïal. Según investigaciones especializadas sobre la variabilidad de la frecuencia cardíaca, el contacto físico sostenido durante un abrazo tiende a estabilizar el pulso y mejorar el equilibrio del sistema nervioso autónomo sobre el corazón.
Se trata de ajustes casi imperceptibles para la persona, pero complejos y valiosos desde la perspectiva clínica. Los expertos recuerdan que las caricias suaves cuentan con un soporte fisiológico: existen fibras nerviosas específicas que, cuando se activan durante el tacto afectivo, envían señales conectadas a áreas cerebrales encargadas de moderar las emociones y la respuesta al estrés. Los vasos sânguíneos, de este modo, pueden relajarse con más facilidad y permitir una circulación más eficiente.
Con información de: TN









