Una escena poco común sorprendió a residentes y visitantes en las costas de Condado, cuando una tinglar emergió del mar durante la madrugada del Sábado de Gloria. El ejemplar fue bautizado como “Gloria”, en referencia a la fecha en la que fue visto, convirtiéndose en un momento simbólico para quienes presenciaron el hecho.
La tortuga, estimada entre 10 y 12 años de edad, recorrió brevemente la orilla y dejó huellas en la arena antes de regresar al mar. Ese rastro fue interpretado como un recordatorio natural del ciclo de vida de esta especie y de la importancia de proteger sus espacios de anidación.
La tinglar es considerada una de las tortugas marinas más grandes del mundo y también una de las más vulnerables, por lo que cada aparición en zonas urbanas costeras genera atención entre ambientalistas y la comunidad.
El avistamiento de “Gloria” fue recibido como una señal positiva dentro de los esfuerzos de conservación, destacando la necesidad de mantener limpias y protegidas las playas donde estas especies regresan a desovar.
Más allá del impacto visual del momento, el encuentro refuerza el llamado a la conciencia ambiental y al respeto por la vida marina, especialmente en temporadas sensibles para la reproducción de estas tortugas.
Con información de: El Nuevo Día









