Las personas con una autoestima saludable comparten ciertos hábitos que las ayudan a mantener una percepción positiva de sí mismas y afrontar los desafíos con confianza. La psicología señala que estos comportamientos no solo fortalecen la autovaloración, sino que también contribuyen al bienestar emocional y las relaciones interpersonales. Cultivar estos hábitos puede marcar una gran diferencia en la forma en que una persona se siente consigo misma y en su manera de interactuar con el mundo.
Uno de los principales hábitos es la autocompasión, es decir, tratarse a uno mismo con amabilidad en lugar de ser excesivamente crítico. Las personas con buena autoestima aceptan sus errores como oportunidades de aprendizaje y evitan el diálogo interno negativo. Además, suelen establecer límites saludables, lo que significa que saben decir “no” cuando es necesario y priorizan su bienestar sin sentirse culpables.
Otro aspecto clave es la capacidad de reconocer logros y virtudes, sin depender de la validación externa. En lugar de enfocarse en lo que les falta, estas personas valoran sus esfuerzos y progresos. También practican el autocuidado físico y emocional, incorporando hábitos como una alimentación equilibrada, ejercicio regular y actividades que les brinden satisfacción y relajación.
Por último, quienes tienen una autoestima sólida suelen rodearse de personas que los apoyan y evitan relaciones tóxicas. Se rodean de individuos que los inspiran y les aportan confianza, en lugar de aquellos que los hacen dudar de su valía. Adoptar estos hábitos no solo fortalece la autoestima, sino que también mejora la calidad de vida y el bienestar emocional a largo plazo.
Con información de: La tercera









