Durante años se ha repetido la idea de que para educar a un perro es necesario imponer autoridad y hablarle con voz firme, pero especialistas en comportamiento canino aseguran que esta creencia está quedando atrás. Estudios y experiencias en adiestramiento coinciden en que el aprendizaje de los perros tiene un fuerte componente emocional y afectivo.
Los expertos explican que los perros no interpretan el lenguaje humano como lo hacen las personas, sino que asocian palabras con acciones y consecuencias, prestando especial atención al tono de voz. Un tono amable, entusiasta y positivo suele generar mayor disposición al aprendizaje, ya que transmite seguridad y confianza al animal.
Esto no significa que la firmeza deba desaparecer por completo. Un tono calmado y claro puede ser útil para captar la atención o marcar límites, pero la diferencia está en evitar gritøs, dureza excesiva o gestos intimidântes, que pueden provocar ęstrés, międo o confusión en la mascota.
El adiestramiento basado en refuerzos positivos y comunicación emocional no solo mejora la respuesta del perro a las órdenes, sino que también fortalece el vínculo con su dueño. Los perros entrenados bajo este enfoque suelen mostrarse más tranquilos, colaboradores y seguros, reduciendo conductas problemáticas a largo plazo.
En definitiva, la clave para una educación canina efectiva no está en imponer autoridad, sino en aprender a comunicarse mejor. Hablarles con respeto, paciencia y un tono amable no solo facilita el aprendizaje, sino que convierte el entrenamiento en una experiencia positiva tanto para el perro como para la persona que lo acompaña.
Con información de: Mundo Deportivo









