Muchas personas consiguen perdonar y seguir adelante con su vida sin mirar atrás. No obstante, otros son incapaces de dejar el pasado atrás, de no hacer caso a los fantasmas del pasado, de no controlar sus emociones y asumir que las cosas no tienen que ser necesariamente algo malo.
Casi todos tienen a alguien en su entorno incapaz de reconocer que es víctima de sus propias emociones. Esas personas que consideran que sufren todo tipo de males, padecen todo tipo de miserias, contemplan el mundo como territorio hostil y se centran en cómo los demás solo planean hacerles daño y ofenderles en todo momento.
Victimistas hay en todas partes. Organizan su vida en torno a este rol, echando la culpa de su pasado, presente e incluso el futuro que vendrá a cualquiera, menos a sus propias acciones. Sobre este tipo de mentalidad ha querido hablar el psicólogo y escritor Xavier Guix, ha dejado claro que mientras se siga anclado en el pasado y culpando a los demás de todo lo que suceda, se seguirá tropezando con la misma piedra una y otra vez.
“Siempre estarás justificándote, porque es lo que tus padres hicieron contigo”, explica el psicólogo. “Eso no puede ser. Tanta gente hoy, siendo joven, justifica su vida por sus padres. No estás resolviendo tu vida. Lo estás pasando mal. Estás viviendo mal tu vida, no la resuelves. Tienes problemas, no tiras adelante, te falta motivación, te faltan recursos, tienes miedo”, lamenta el terapeuta.
Muchos de los jóvenes de hoy en día, según continúa explicando el especialista, tienen temor a seguir hacia delante, pero no terminan de entender que primero tienen que resolver sus propios obstáculos sin culpar a nadie más. “Esas dificultades las tienes que resolver en ti, pero lo más fácil es decir: ‘No,no, el problema no soy yo; el problema está en mis padres”, insiste Guix.
Para salir de ese tipo de malos momentos, solo se puede trabajar y hacer ejercicios de “reprogramación” de recuerdos de ese pasado que tanto daño ha hecho. “Ahí viene el desarrollo personal, el autoconocimiento”, revela Guix. Se puede ir desactivando y reinterpretar esos recuerdos, encontrarles otro sentido para entender qué faltó en aquel momento que quizá hoy ya tenemos a disposición”.
Con información de: El Economista









