La voz de Camila Fernández parece tener un eco antiguo, uno que recuerda a Vicente y Alejandro, pero que al mismo tiempo suena distinto, más íntimo. Su nuevo álbum, La Fernández no es solo un homenaje a sus raíces, sino una afirmación de identidad. En este trabajo musical, la joven cantante mexicana se asume como heredera de una dinastía que ha marcado la historia de la música, pero también como la mujer que está lista para abrir su propio camino dentro de ese legado.
El título, por supuesto, no es casual. “Todo el mundo está acostumbrado a ‘el Fernández’ vestido de charro frente a un mariachi, pero yo soy la primera mujer Fernández vestida de charro, cantándole al despecho”, afirma. En esa simple frase se resume una historia de herencia, pero también de transformación. Actualmente, Camila acompaña a su padre por toda Latinoamérica en la gira De Rey a Rey, un tributo de Alejandro a Vicente Fernández. Sobre el escenario, padre e hija comparten no solo canciones sino historia.
Hablar de Camila Fernández sin mencionar al “Charro de Huentitán” es imposible. En su voz hay rastros de las enseñanzas de su abuelo, aquel hombre que convirtió el mariachi en sinónimo de México. Pero también hay una herïda que aún duele. Camila reveló que hubo un proyecto que nunca pudo concretar con su abuelo: “Íbamos a grabar la canción ‘Quisiera saber’, pero ahí fue cuando lo metieron al hospital porque le dio cáncër de hígado. Después, por no molestarlo en su recuperación no le dije nada, y luego esa canción la grabó mi papá con Juan Gabriel. Dije: ‘pues bueno, ya la grabó él, y es un rolón’. Pero ahora entiendo que sí debí haberlo molestado, que no debí quedarme callada”.
Cada nota, cada acorde y cada lágrima de La Fernández parece tener un solo propósito: mantener viva la voz de su abuelo, la fuerza de su padre y, sobre todo, la suya propia.
Con información de: Vea









