Lo que pintaba como una pesadilla para el corredor estadounidense, Jay Glidewell, se convirtió en una emotiva historia de solidaridad en plena Maratón de Berlín. El atleta, que viajaba desde St. Louis, Estados Unidos, sufrió un percance mayúsculo al ver cómo su zapato se rompía por completo apenas en el kilómetro 10 de la carrera. Con más de 32 kilómetros por delante, el incidente amenazaba con forzar su abandono o, en el mejor de los casos, obligarlo a correr descalzo, poniendo en riesgo su salud y su marca.

La solución a este apuro llegó de la forma más inesperada y providencial. Entre la multitud de espectadores que alentaban a los corredores apareció Sven Hock, un ciudadano alemán que, sin dudarlo, se quitó una de sus propias zapatillas y se la ofreció a Glidewell. En un giro de puro destino, el calzado era exactamente de su talle, permitiéndole continuar su trayecto de forma inmediata. Gracias a este gesto, el corredor pudo logró completar la maratón en un tiempo de 3:10:33.

El corredor agradeció públicamente en redes sociales al «desconocido que ahora es amigo» y bromeó sobre cómo el acto le había salvado de un «viaje al podólogo». La anécdota fue inmortalizada por la pareja de Hock, quien resumió perfectamente el momento: “Fue el momento justo, el lugar justo y el zapato justo”. Más allá de la peripecia con el calzado, Jay Glidewell logró completar su tercera Major de maratón y ya tiene la mira puesta en su próximo gran objetivo: Tokio 2026.

Video: @jay_glidewell

Con información de: MSN

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