Europa atravesó en el verano de 2026 una ola de clima extremo marcada por temperaturas elevadas y una prolongada escasez de precipitaciones que impactó con especial severidad a Hungría.
De acuerdo con el servicio meteorológico nacional HungaroMet, la temporada estival se posicionó como la más seca registrada en el país desde 1901 y la segunda más cálida en los últimos 126 años, alcanzando una media nacional de 23,43 °C que superó en 2,59 °C el promedio histórico. Entre junio y agosto apenas se registraron 74,1 milímetros de lluvia, cifra que equivale solo al 36 % de la media habitual.
La crisis hídrica responde a un déficit acumulado desde finales de 2025 que se profundizó durante el invierno y la primavera, dejando los suelos y reservorios en niveles críticos antes de la llegada de las olas de calor estivales. Para finales de agosto, la sequía agrícola gravë afectaba a la mitad del territorio húngaro, mientas que cauces de gran envergadura como el Danubio, el Rin y el Vístula registraron caudales excepcionalmente bajos. Asimismo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió sobre el deterioro alarmante de las reservas de agua subterránea en Europa Central y Oriental, cuyos niveles se sitúan entre 1,4 y 1,7 metros por debajo de lo adecuado.
Frente a este escenario, analistas y organismos especializados señalan la necesidad urgente de reestructurar la gestión del recurso hídrico en la región mediante el almacenamiento de agua de lluvia y ríos, la adaptación de las prácticas agrícolas y la conservación del uso del suelo. Aunque el comportamiento de las precipitaciones durante el otoño será determinante para aliviar la humedad superficial en los campos, expertos advierten que se requerirá un proceso prolongado para recuperar las reservas subterráneas y estabilizar los ecosistemas afectados.
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