China ha comenzado a desplegar su primer centro de datos comercial sumergido frente a las costas de Shanghái, con el objetivo de reducir radicalmente el consumo energético asociado al enfriamiento de los servidores. Esta cápsula submarina, desarrollada conjuntamente por empresas estatales y firmas tecnológicas como Highlander, promete un ahorro de hasta un 90 % en los sistemas de refrigeración tradicionales.
El innovador sistema aprovechará las corrientes oceánicas para mantener los equipos a bajas temperaturas sin depender de aire acondicionado o agua evaporativa, y funcionará con energía proveniente mayoritariamente de fuentes renovables marinas. No obstante, enfrentar la corrosión, el resguardo contra filtraciones y la conectividad submarina son desafíos técnicos relevantes que los ingenieros debieron sortear.
Mientras tanto, en Estados Unidos se debate un enfoque completamente distinto: trasladar centros de datos al espacio exterior. El magnate Jeff Bezos ha propuesto mantener instalaciones orbitales, alimentadas por energía solar permanente, para liberar los sistemas terrestres del alto costo energético y las limitaciones climáticas. Esta visión espacial, aunque ambiciosa, conlleva retos como la logística de mantenimiento, las actualizaciones técnicas y los riesgos asociados al lanzamiento de cohetes.
Ambas iniciativas responden al creciente consumo energético de la inteligencia artificial y las infraestructuras de datos globales, que demandan soluciones radicales para asegurar eficiencia, conectividad y sostenibilidad.
Con información de: El Confidencial









