La mayoría de los electores en Islandia rechazó la propuesta para reanudar las conversaciones de adhesión a la Unión Europea. Con una participación masiva del 82,5 %, el 52,8 % de los votantes se opuso a la iniciativa frente al 47,2 % que la respaldó, cerrando de forma definitiva el debate sobre la membresía en la agenda política nacional.
El resultado frena los planes de Bruselas, donde se consideraba al país nórdico un candidato idóneo para revitalizar la ampliación comunitaria y reforzar la posición del bloque en el Ártico. La negativa reflejó el recelo a comprometer la soberanía pesquera y económica de una de las naciones más prósperas del mundo, cuyo PIB per cápita roza los 98.300 dólares.
El «No» se impuso a pesar de que el marco europeo resultaba atractivo para diversos sectores ante la coyuntura financiera local. Islandia afronta actualmente los tipos de interés más altos de Europa occidental y una inflación del 8 %, sumado a que la Unión Europea representa su principal socio comercial al concentrar dos tercios de sus exportaciones.
Tras la jornada electoral, la primera ministra islandesa dio por zanjado el asunto tal como había prometido en la víspera, valorando que la consulta sirvió para profundizar la discusión sobre el papel de la isla en el contexto geopolítico global.
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