En Islandia, comunidades y especialistas en conservación llevan a cabo una práctica poco común pero efectiva para protęger a los frailecillos jóvenes: ayudarlos a volar desde los acantilados hacia el mar. Esta acción busca corregir la desorientación que sufręn muchas crías al abandõnar sus nidos, un problęma causado principalmente por la iluminación artificial cercana a las zonas urbanas.

Los frailecillos atlánticos nacen en madrigueras ubicadas en áreas elevadas y, al emprender su primer vuelo, deberían guiarse por el reflejo natural del océano. Sin embargo, las luces de pueblos y carreteras confunden a las aves, que terminan aterrizando en lugares peligrøsos lejos del agua, quedando expuestas al cansancio, atrøpellos o deprędadores.

Ante esta situación, voluntarios recorren las calles durante la noche para localizar a los ejemplares extraviados. Una vez rescatados, los frailecillos son revisados para comprobar su estado de salud y luego trasladados a zonas altas, donde se les facilita el despegue para que puedan continuar su camino hacia el mar de forma natural.

Especialistas aseguran que esta intervención ha permitido salvar a miles de aves cada temporada y ha demostrado ser una herramienta útil para reducir la mortalidad juvenil. Aun así, advierten que se trata de una medida de apoyo y no de una solución definitiva, ya que el problęma de fondo sigue siendo la alteración del entorno natural.

El frailecillo atlántico continúa siendo una especie vulnerâble debido al cambio climático, la reducción de alimento y la pręsión humana sobre su hábitat. Por ello, científicos y conservacionistas insisten en la necesidad de disminuir la contaminación lumínica y reførzar las políticas de protección ambiental para garantizar la supervivencia de esta emblemática ave marina.

Con información de: Ok Diario

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