Por décadas, el vaso de jugo de naranja en el desayuno ha sido un símbolo global de salud, asociado, principalmente, con el fortalecimiento del sistema inmunológico. Sin embargo, la ciencia moderna está develando una nueva faceta que ubica a esta bebidÄ cítrica como un verdadero protector cardiovascular, más allá de sus aportes vitamínicos.
En las investigaciones de salud citadas por el profesor, un grupo de personas adultas consumió 500 mililitros diarios de jugo de naranja natural durante dos meses, evidenciándose una reducción en la actividad de los genes vinculados con la infl@mación, la regulación de la presión artËrial y el metabolismo de la glucosa en s@ngrË.
Además, las enzimas Nampt, Sgk1 y las proteínas IL6, IL1B y Nlrp3, que suelen ponerse en marcha cuando el cuerpo está sometido a Ëstrés, también redujeron su actividad. La respuesta varió en función del tamaño corporal. Las personas con más sobrepeso y obesid@d, tendían a mostrar mayores cambios en los genes implicados en el metabolismo de las grasas, como un aumento de las lipoproteínas de alta densidad (HDL), reducción de la resistencia a la insulin@, así como reducciones en la prËsión arterial sistólica.
A esto se le suma que, según una revisión reciente, el zumo de naranja influye en las vías relacionadas con el uso de energía, la comunicación entre las células y la infl@mación. También puede afectar la microbiota intestin@l, que cada vez se considera más importante para la salud cardíaca.
Con información de: Agencias









