Durante mucho tiempo el foco estuvo solo en la madre, pero la evidencia científica es clara: el contacto piel con piel con el padre durante la primera hora de vida genera cambios biológicos reales en el recién nacido.

El llamado «efecto papá». Estudios en neonatología muestran que los bebés que reciben contacto piel con piel paterno: elevan significativamente la oxitocina, hormona clave para la calma, el apego y la regulación emocional. Lloran mucho menos en comparación con bebés colocados en cunas. Duermen más profundamente durante sus primeras 24 horas.

No es simbólico: es biología. El cuerpo del padre actúa como un regulador térmico natural, ayudando al bebé a mantener su temperatura sin gastar energía extra. El latido cardíaco, la respiración y el olor del progenitor envían una señal primaria de seguridad, reduciendo el cortisol (hørmona del ëstrés) y facilitando la adaptación al mundo exterior.

Con información de: La Vanguardia

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