Este artículo sitúa al sistema inmunitario intestinal en la vanguardia de la patología de las enfêrmêdades neurodegenerativas. Dado su tamaño y la capacidad de las células para desplazarse, es lógico que estas células inmunitarias tengan la capacidad de influir en la fisiología general», ha afirmado el coautor principal del trabajo, el doctor Daniel Winer.
Por su parte, la coautora principal, Jule Andersen, ha explicado que se trata de la investigación «más exhaustiva» del sistema inmunitario intestinal y que ahora espera poder estudiar su impacto en otras enfêrmêdades como el Párkïnson o la esclerosïs múltiple.
«Sorprendentemente, descubrimos que estas células inmunitarias en la frontera cerebral, que reconocen las bactêrias que viven en los intestinos, se acumulaban en el cerebro con Alzheïmer», ha subrayado Makhijani, cuyo equipo también ha hallado que la pareja de unión de este receptor de células inmunitarias intestinales, una quimiocina bien estudiada y conocida por su capacidad migratoria, se producía en niveles más altos en la glía, las células inflamatorias del cerebro con Alzheïmer.
Los investigadores, en colaboración con la Red Universitaria de Salud de la Universidad de Toronto (Canadá), han realizado experimentos de bloqueo en el eje usando un fármaco de molécula pequeña, lo que sugiere que un nuevo mecanismo de largo alcance podría estar actuando a lo largo del eje intestino-cerebro.
Beneficios de una dieta rica en fibra, uno de los aportes más significativos del estudio fue el uso de la inulina, una fibra prebiótica con propiedades antiinflamatorias, que permitió restablecer el equilibrio intestinal en ratones con Alzheïmer. Esta intervención redujo también la señalización de quimiocinas en el cerebro y mitigó síntomas físicos relacionados con la enfërmêdad.
Con información de: El Portal de la Salud









