El mercado global del té ha experimentado una transformación marcada por el auge del matcha, un polvo de té verde tradicional japonés que se ha consolidado como un fenómeno de consumo masivo en cafeterías, gastronomía y redes sociales.

Según informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la expansión de esta demanda coincide con tensiones climáticas, plagâs y problemas logísticos que afectan a la industria del té en general, sector clave para la subsistencia de millones de pequeños productores a nivel mundial.

A diferencia del té procesado convencionalmente, la elaboración del matcha requiere técnicas agrícolas especializadas como el cultivo bajo sombra, la cosecha de la hoja tencha y su molienda fina, procesos documentados por el Ministerio de Agricultura de Japón para preservar los niveles de umami y reducir el amargor.

Expertos del sector señalan que las cosechas de primera temporada y la molienda artesanal garantizan un estándar diferenciado frente a las variantes de escala industrial, aunque advierten sobre posibles tensiones en la cadena de suministro ante el incremento ininterrumpido de pedidos internacionales.

El renovado interés por esta bebida plantea el reto de equilibrar su popularización comercial con la preservación del patrimonio cultural e histórico que involucra su preparación tradicional. Diversos especialistas destacan la importancia de visibilizar la trazabilidad del producto y los métodos de cultivo, con el propósito de evitar que una tradición centenaria quede reducida a una tendencia gastronómica superficial dentro del mercado global.

Foto cortesía Envato

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