El español, conocido por sus reglas ortográficas claras, presenta un caso llamativo: existe una construcción que puede decirse sin dificultâd al hablar, pero que no tiene una forma válida de escribirse conforme a la normativa vigente.

Se trata de la combinación del imperativo del verbo salir con el pronombre le en segunda persona del singular. Al pronunciarla, puede decirse como dos sílabas separadas: sal-le. Sin embargo, al llevarla a la escritura, la regla ortográfica establece que el pronombre átono debe unirse al verbo en el imperativo afirmativo, lo que daría como resultado salle.

El inconveniente radica en que, al escribirse de esa manera, la secuencia “ll” representa un sonido distinto en español, por lo que no refleja la pronunciación real que se desea expresar. La normativa no contempla separarla con guion ni introducir signos adicionales para conservar el sonido original, por lo que no existe una forma aceptada que reproduzca fielmente lo que se dice al pronunciarla.

Este caso evidencia cómo, en ocasiones, la lengua oral y la escrita no coinciden completamente, y cómo ciertas expresiones posibles en la conversación cotidiana carecen de una representación gráfica válida dentro de las reglas del castellano actual.

Con información de: El Debate

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