Más evidencias de la importancia del eje intestino-cerebro. Y es que hace tiempo que se sabe que lo comemos afêcta a nuestra salud mental pero ahora una investigación impulsada por la Universidad Rovira i Virgili (URV) con la colaboración del Institut de Recerca Biomèdica CATSUD y el área de Fisiopatología de la Obesidad del CIBER (CIBEROBN) ha indagado más en los mecanismos biológicos que llevan a este vínculo.
Los investigadores analizaron, en concreto, distintos perfiles alimentarios y sus microorganismos intestinales y vieron similitudes reseñables. Así han corroborado que a una mayor adherencia a la dieta mediterránea existen menos síntomas depresivos, según confirma a ABC Adrián Hernández-Cacho, integrante de la Unidad de Nutrición Humana del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV y autor principal del trabajo. Las conclusiones se acaban de publicar en la revista MedComm.
Los investigadores aseguran que la dieta deja huella en el intestino porque los patrones de alimentación más saludables se relacionaron con una microbiota más rica y diversa, mientras que los patrones menos saludables mostraron asociaciones con una menor diversidad. Este dato es relevante porque la diversidad microbiana a menudo se considera un indicador de resiliencia y buen funcionamiento del ecosistema intestinal.
En este sentido, los autores de la investigación recuerdan que todavía existen pocas evidencias en este campo y que es pronto para establecer una relación de causa-efecto. Por ese motivo, confían en poder replicar este estudio en otras poblaciones para ver si se confirman los mismos indicios. De confirmarse, ven múltiples usos en la intervencïón dietética y que puede llegar a ser un gran complemento a la psicoterapia. «Al final ayudará a aportar evidencia para recetar más tërapia conductual, basada en la alimentación o en el ejercicio», sentencia Hernández-Cabo.
Con información de: Infosalus









