En 1914, Henry Ford revolucionó el mercado laboral con el anuncio del llamado «Día de los Cinco Dólares», una medida que establecía un salario mínimo diario de cinco dólares para sus empleados. A diferencia de lo que se suele creer, esta iniciativa no fue una subida salarial tradicional, sino una estrategia para repartir beneficios y fomentar la productividad, calculada a partir de los dividendos de la empresa. Este cambio provocó un revuelo tal en la época que numerosos trabajadores abandonaron sus empleos para unirse a la cadena de montaje del Ford Model T.
La cifra de diez millones de dólares era, inicialmente, una cantidad estimativa que representaba la mitad de las ganancias que la compañía esperaba obtener para el cierre del año. El propio Henry Ford aclaró en días posteriores que, aunque esta cantidad era el objetivo, el monto final podría variar, siendo incluso superior, hasta alcanzar los doce millones de dólares.
La respuesta a este anuncio fue inmediata y masiva; al día siguiente de su publicación, cerca de 10.000 personas se agolparon en la entrada de la fábrica de Ford en Detroit con el objetivo de conseguir un empleo. La situación se volvió extremadamente compleja para los solicitantes, ya que la empresa contaba en ese momento con otros 15.000 trabajadores activos, haciendo que el proceso de ingreso a la planta fuera más difícil que nunca.
Esta política se enmarcaba en la filosofía de Ford, quien afirmaba preferir que sus 20.000 empleados estuvieran bien alimentados y contentos antes que permitir que solo unos pocos se hicieran millonarios.
Con información de Xataka









