La frase «la familia de tu pareja no es tu familia» enfatiza la importancia de establecer límites saludables, reconociendo que, aunque puedes quererlos y apoyarlos, su lealtad principal es hacia tu pareja, no hacia ti, y tu prioridad debe ser tu propia familia nuclear (tú, tu pareja e hijos), protegiendo el bienestar emocional de tu núcleo principal para no perder el tuyo propio en el proceso.

No es que no los puedas apreciar, sino que no debes esperar el mismo nivel de apoyo incondicional que de tu familia de origen, ni compartir con ellos todos los problemas de pareja. Ellos priorizarán a su hijo/a. Si bien pueden ser un apoyo, no te incluirán en sus dinámicas de la misma manera que tu propia familia.

Involucrarte demasiado o esperar que sean tu «familia propia» puede llevar a conflictos, manipulaciones y críticas, poniendo en riesgo tu bienestar emocional y la estabilidad de tu pareja. Reconoce su rol como una extensión de tu red de apoyo, no como una obligación de agradar.

No tienes que compartir cada detalle de tu vida de pareja. Los problemas de la relación deben resolverse entre ustedes dos. Tu familia (tú, tu pareja y tus hijos) es tu unidad fundamental. No descuides los lazos con tu familia de origen por agradar a la familia de tu pareja.

Acepta que siempre serás «la cuñada/el yerno», y aunque pueden ser buenas personas, su lealtad es hacia su hijo/a, y está bien que así sea. De esta manera, es una lección de madurez emocional para no perder tu identidad ni depender excesivamente de otra familia, construyendo tu propio apoyo y límites para una relación más fuerte y equilibrada.

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