Muchos dicen: «ella cambió». Que ya no es la misma, que se volvió distante. Pero pocas veces se mira el otro lado. La Biblia plantea algo claro: el hombre tiene una responsabilidad directa en cómo se siente su esposa dentro del matrimonio. Amar, cuidar y tratar con atención no es un detalle, es la base.
Al inicio todo fluía: había interés, cercanía, comunicación. Ella se sentía vista, escuchada, importante. Y respondía desde ahí. Con el tiempo, lo que cambia no siempre es la persona, sino el trato. Menos atención, más rutina, menos conexión. Y eso no se rømpe de gølpe, se desgasta en silencio.
Porque en una relación hay un principio simple: las personas responden a cómo se sienten dentro de ella. Cuando alguien se siente valorado, se abre. Cuando se siente ignorado, se protege. Por eso, muchas veces no es que «todo cambió de la nada», cambió la forma en la que se estaba amando. El matrimonio no se sostiene solo con palabras, sino con acciones constantes: escuchar, cuidar los detalles y mantener la conexión día tras día.
Con información de: El Espectador
Foto: JW









