La Generación Z ha redefinido la relación entre conocimiento y confianza. En lugar de jerarquías de expertos o bibliografías verificables, la autoridad digital se construye sobre algo más emocional, como el carisma, la autenticidad y la sensación de comunidad.
Judit tiene 19 años. Cuando quiere saber cómo dormir mejor, no abre Google, abre TikTok. En segundos, el algoritmo le muestra a una joven sonriente con una rutina “infalible” de tres pasos. Judit la escucha, la sigue e incluso guarda el video. No porque la creadora sea experta, sino porque le transmite confianza. Este comportamiento no es casual, responde a sesgos cognitivos que afectan cómo percibimos la autoridad en el mundo digital.
Varios sesgos cognitivos conocidos en el mundo de la psicología desde hace años se pueden aplicar a la relación que tenemos con el mundo digital. En TikTok, estos sesgos se combinan con la estética cercana y participativa de los videos, creando un entorno donde los jóvenes confían más en contenidos breves que en fuentes tradicionales.
En la era digital, la información ya no se mide solo por su veracidad; ahora la cercanía, el carisma y la sensación de comunidad pesan igual o más. Según el informe Digital News Report 2025, el 44% de los jóvenes de 18 a 24 años considera que las redes sociales y plataformas de video son su principal fuente de noticias. Una encuesta de Axios junto a YPulse muestra que solo el 46% comienza sus búsquedas en Google, mientras que un 21% recurre a TikTok y un 5% a YouTube.
La educación también es importante. Tal y como cuenta Montell, es clave enseñar desde pequeños a saber qué fuentes son de confianza y cuáles no, y a saber identificarlas con rapidez. En la era de las redes sociales y la hiperconectividad, esto parece casi una tarea imposible, pero la responsabilidad de los medios y la educación es poner barreras a una “verdad” cada vez más difícil de discernir.
Con información de: La Nación









