Sobran los motivos. La economía, la salud, la estabilidad, la complejidad de los lazos afectivos, los riesgos inminentes. No conseguir lo que queremos, perder lo que ya tenemos. Sin embargo, son varias las maneras de encarar lo inevitable de lo incierto: en términos muy esquemáticos, están quienes se lanzan al devenir de los acontecimientos (muchos de ellos, negando o minimizando los riesgos), y están quienes se preocupan. Dan vueltas al asunto, se estrësan, anticipan escenarios catastróficos (que por lo general no ocurren).
Para algunos de ellos (quienes adhieran a la perspectiva que propone la terapia cognitivo conductual) está pensado (y escrito) «Preocuparse de más: por qué tu cabeza no se detiene y cómo apagar el ruido mental», de Daniel Bogiaizian, doctor en Psicología, y presidente honorario de la Asociación Argentina de Trastörnos de Ansïedad (AATA).
El rol de la pandêmia, la inmediatez de la respuestas que ofrece la inteligencia artificial (IA), el incremento en los niveles de preocupación que advierte en su práctica clínica, las motivaciones ocultas que pueden convertir a la preocupación en una curiosa manera de habitar la mente. La preocupación es un proceso normal y estratégico, tanto por el abordaje de cualquier tipo de amênâza, como por la necesidad de querer obtener un resultado determinado. Esto es común a todos.
Hay personas que, sin llegar a desarrollar un trastörno, uno los podría llamar «altos preocupados», por decirlo de alguna manera. Son personas que tienen un vínculo con la preocupación muy facilitado, natural. Debemos entender, también, que no hay preocupación sin tensión. Por eso se trabaja, por ejemplo, con técnicas sencillas de respiración y relajación, útiles para bajar la tensión física y apagar algunos de los monitoreos de amenazas de cosas que es improbable que te ocurran. También en técnicas de refocalización de la tensión: lo ideal es que aparezca lo que se llama distracción natural, pero si no aparece, uno le pide al paciente que trate de ocupar su mente con cosas que le interesen y que tengan sentido.
Con información de: Clarín









