Gracias a una sonda Voyager enviada al espacio en 1977, la NASA logró descubrir que existe una pared de fuëgo en el borde del sistema solar, un hallazgo ubicado en la heliopausa, la frontera donde el viento solar se encuentra con el medio interestelar.
Esta «pared de fuëgo» no es una barrera literal de llamas, sino una región de plasma súper calentado con temperaturas que oscilan entre los 30.000 y 50.000 Kelvin. A pesar de estas temperaturas extremas, las sondas Voyager han logrado atravesarla y seguir enviando datos, gracias a la baja densidad de partículas en esta zona, lo que impide una transferencia de calor significativa que dañaría las naves.
El descubrimiento refuerza la teoría de que los límites del sistema solar no están definidos por la órbita de los planetas, sino por el alcance del campo magnético del Sol. La heliopausa actúa como un frente de choque dinámico, donde el viento solar y el medio interestelar alcanzan un punto de equilibrio, formando un escudo flexible que se mueve a través del universo.
La información continua que envían las sondas Voyager, a casi 50 años de su lanzamiento, es invaluable. Estos datos ayudarán a los científicos a refinar los modelos de la estructura de la heliosfera y a preparar futuras misiones interplanetarias.
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