El consumo a corto plazo de alimentos altamente procesados y poco saludables provoca graves cambios en el cerebro de personas sanas.
Un estudio reciente, publicado en la revista científica Nature Metabolism y el Instituto de Investigación Helmholtz de Múnich y el Hospital Universitario de Tubinga, ha encontrado que esta epidemia de obesïdad podría tener su origen en el cerebro, debido la alteración de la sensibilidad a la insulina a nivel cerebral.
Concretamente, según los resultados de la investigación, apenas cinco días ingiriendo comida basüra (snacks, dulces, refrescos y otros productos ultraprocesados) son suficientes para que los patrones cerebrales de una persona sana pueden verse alterados tanto a nivel de resistencia a la insulïna como a nivel del sistema de recompensa, que desempeña un papel activo en las elecciones alimentarias.
En una persona sana, la insulïna tiene un efecto supresor del apetito en el cerebro. Sin embargo, en una persona con obesidad se produce lo que se conoce como resistencia a la insulina, que puede interferir en el control adecuado del apetito, provocando que el cerebro no reciba correctamente las señales de saciedad. ¿El resultado? Se tiende a comer más y peor, una combinación perfecta para la ganancia de peso.
Para la médico de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, la ganancia de peso induce cambios en el funcionamiento de los mecanismos que regulan el balance energético que luego no son fácilmente reversibles, ni siquiera comiendo sano. “Estoy segura de que, si este estudio hubiese continuado en el tiempo, es más que probable que algunas de las personas que ganaron peso por la sobrealimentación no pudieran perderlo con facilidad al haberse alterado esos mecanismos”, concluye.
Con información de: El País









