En las costas de Venezuela, la pesca artesanal es mucho más que una actividad económica; es un pilar cultural y una forma de vida transmitida de generación en generación. Desde las playas del Caribe hasta los vastos manglares, los pescadores artesanales mantienen viva una tradición ancestral que garantiza el sustento de miles de familias y lleva el sabor del mar a cada rincón del país.

Utilizando técnicas heredadas de sus abuelos, como la atarraya, el chinchorro o las redes manuales, estos pescadores se aventuran al amanecer en sus botes de madera para capturar una gran variedad de especies, como pargos, meros, cazón y sardinas. A diferencia de la pesca industrial, la pesca artesanal respeta los ciclos naturales y los ecosistemas marinos, promoviendo una relación más sostenible y consciente con el entorno.

Este trabajo no solo provee de alimento a las comunidades, sino que también es el corazón de la gastronomía local. El pescado fresco que llega a las orillas se convierte en la estrella de platos icónicos como el pescado frito con tostones, la sopa de pescado o las famosas empanadas de cazón que deleitan a locales y turistas en cada pueblo costero.

La pesca artesanal en Venezuela es un testimonio de resiliencia y arraigo. A pesar de los desafíos, estos hombres y mujeres de mar mantienen viva una labor que nutre a una nación y resguarda un legado invaluable, demostrando que la mejor forma de honrar el mar es cuidándolo.

Fotografías de: @tineofoto

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