¿Alguna vez te has encontrado con alguien que parece tener una opinión sólida sobre absolutamente todo? Desde la política hasta electricidad, pasando por la nutrición, la ciencia o incluso la filosofía antigua, hay personas que siempre tienen una respuesta, una teoría o una crítica lista para soltar. Su convicción es tal que, por momentos, uno podría llegar a creer que son verdaderos expertos. Sin embargo, en la mayoría de estos casos, esa aparente sabiduría esconde un fenómeno psicológico fascinante y a la vez preocupante: el efecto Dunning-Kruger.
Esta ilusión de conocimiento no solo es común, sino también pelïgrosa. En la época actual abundan los “todólogos” en las redes sociales, y estos a menudo son más escuchadas que aquellos realmente preparados o cualificados para hablar sobre determinados temas debido a su actitud de convicción. Es una práctica habitual en el día a día y un claro ejemplo fue cuando sucedió el apagón y millones de personas empezaron a opinar basándose en pocas fuentes fiables o ninguna.
Este tipo de personas «no saben que no saben» y, según afirma la psicóloga sanitaria Judit Jurado, es una práctica pelïgrosa porque «les falta ese sentido común para valorar con realismo el rendimiento que tienen en cualquier tarea que estén realizando», afirma la psicóloga aragonesa. De hecho, curiosamente, las personas con más conocimientos o que son muy buenas en un ámbito son las que a menudo se infravaloran: «De normal, cuanto más sabes, menos convencido estás de que sabes, por lo que estas personas caen en el síndrome del impostor, al contrario que aquellas que creen saber de todo».
Con información de: Hola









