No sólo se trata de miradas, palabras, y caricias. Aparece en escena el sentido del olfato en estas cuestiones de amor, sentido silencioso y profundo, que está presente desde el momento del comúnmente llamado flechazo. Existe este lenguaje muy profundo, antiguo y silencioso y participa desde ese primer momento y acompaña a lo largo de la vida vincular.

El olor de cada uno de nosotros, es natural y depende de la genética, las hormonas, la biología y la microbiota de la piel, es lo que nos brinda un olor personal, distinguido, y este es el motivo por el cual decimos que tenemos un pasaporte odorífero único, que es nuestra identidad química individual. Ese olor puede generar en la otra persona, atracción o rechazo. Y en la vida de pareja, los olores constituyen intimidad.

El órganø accesorio al sentido del olfato tiene una conexión directa con el sistema límbico estructura nerviosa donde está el Hipocampo, relacionado con la memoria y el hipotálamo donde ante los estímulos se manifiestan los instintos y las emociones. Es por esto que los olores no se analizan, no pasan por un filtro. Llegan de manera automática, inmediata y auténtica y ante los vínculos, relaciones de pareja construyen la intimidad.

No podemos dejar de mencionar a las ferømonas sustancias químicas liberadas por el cuerpo, localizadas en las axilas, región genital, perianal, saliva, lagrimas y son liberadas antes del acto sêxüĀl. Estas señales químicas influyen en la atracción sexual, la compatibilidad y la construcción de un vínculo. No determinan el amor, pero estamos en condiciones a través de estos conocimientos que participan en una arquitectura que no se oye, ni se ve. Según Platón y Aristóteles, el deseo es una de las pasiones del alma como apetito hacia alguien. Por lo que cuidar el sentido del olfato es también cuidar el encuentro. Es preservar la comunicación íntima pues el amor no sólo se mira, no sólo se dice, no sólo se toca.

Con información de: La Vanguardia

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