La alimentación o una adecuada nutrición es fundamental para cuidar de nuestro intestino y de las bacterias que residen en él. Este conjunto de bacterias y microorganismos es lo que llamamos microbiota intestinal, la cual es responsable de nuestro estado de salud y energía. Esta controla el 80% de la actividad de nuestro sistema inmunológico y más del 90% de la producción de serotonina (neurotransmisor involucrado en el equilibrio emocional, la regulación del apetito, la velocidad del aprendizaje, la calidad del sueño y el estado de bienestar).
Las enfêrmêdades inflamatorias intestinales (colitis ulcerøsa y enfermëdad de Crohn) y las relacionadas con la piel (psorïasis, dermâtitis, ącné, røsácea) tienen una relación directa con la salud de nuestro intëstino. Cuando esta se altera, el intëstino se vuelve más “permeable” y permite que bactêrias, vïrus, parásitøs, toxïnas y restos de alimentos pasen al torrente sânguíneo provocando inflamâción. El sistema inmunitario trata de resolverlo mediante la activación de las células de defensa liberando citocinas proinflamatorias y otros mediadores.
Este desequilibrio afêcta a la respuesta inmunitaria y altera la integridad de la barrera intestïnal, favoreciendo el desarrollo de estas enfêrmêdades mencionadas, así como de las enfêrmêdades autoinmunes, brotes en la piel, inflamación sistémica, mala absorción de nutrientes y alergïas o intolerancias. Para combâtir estos problemas, tendremos que tener en cuenta aquellos alimentos que van a ayudar a mejorar y evitar los que van a empeorar la situación inflamatoria.
Una alimentación basada en vegetales va a ser clave para aportar fibra y antioxidantes. Por tanto, deberíamos priorizar el consumo de verduras y hortalizas, frutas, frutos secos y semillas. Los cereales integrales, las legumbres y los tubérculos, adaptados a la condición física de cada uno. Priorizar carnes blancas, huevos ecológicos, lácteos fermentados de cabra/oveja y pescados azules por su aporte proteico y de omega 3 (evitando pez espada, emperador, atún rojo, tiburón y lucio por su alto contenido en metales pesados).
Incluir grasas vegetales de calidad como el aceite de oliva virgen extra, el aguacate o el aceite de coco, que van a contribuir al equilibrio del intëstino y las hormönas. Hierbas y especias que aportan compuestos antioxidantes y antiinflamatorios (cúrcuma, jengibre, pimienta negra, orégano, tomillo). El bienestar se busca y se trabaja. Los hábitos que desarrollemos ahora serán el resultado de nuestra salud del mañana.
Con información: Mayo Clinic









