Un reciente informe de consultoría destaca que la llamada “segunda ola de la inteligencia artificial” está marcando un punto de inflexión en la robótica: los robots humanoides están evolucionando desde simples máquinas experimentales hacia sistemas con capacidades más cercanas a las humanas en inteligencia, percepción y destreza, lo que permitiría que en los próximos años trabajen junto a personas en distintos sectores.
Según ese análisis, empresas líderes están explorando cómo superar desafíos técnicos como la autonomía energética y la motricidad fina, factores que hasta ahora limitan la adopción de humanoides fuera de entornos controlados como fábricas. La idea es que, con avances continuos, estas máquinas puedan integrarse en tareas que hoy resultan impracticables para la robótica tradicional.
Los expertos señalan que el diseño humanoide no es un capricho estético, sino una ventaja funcional: un robot con forma similar a la humana puede operar en espacios ya existentes sin necesidad de adaptar la infraestructura física, lo que facilita su incorporación en industrias como la construcción, la minería o la atención médica.
La adopción de estos robots se anticipa en etapas: primero en roles donde el retorno de inversión es más evidente, como en entornos industriales, y luego en servicios más amplios como limpieza, hospitalidad y educación. Sin embargo, aún existen barreras tecnológicas importantes y muchos especialistas advierten que la masificación generalizada podría tardar más de lo esperado.
Este enfoque de “compañeros de trabajo” refleja cómo la IA física, la integración de IA en sistemas robóticos está empezando a transformar no solo qué tareas pueden automatizarse, sino cómo humanos y máquinas pueden colaborar en actividades complejas.
Con información de: La Nación









