La siesta se ha convertido en un recurso popular para quienes buscan recuperar energía durante el día, pero dormir de más puede generar efectos contraproducentes. Especialistas en sueño advierten que la duración y el momento de la siesta son determinantes para que cumpla su función de revitalizar el cuerpo y la mente.

Los expertos señalan que una pausa breve de 15 a 20 minutos es suficiente para mejorar la concentración y disminuir la somnolencia. Dormir más allá de este tiempo puede hacer que la persona despierte aturdida, afectando su productividad y generando cansancio adicional en lugar de alivio.

Además, prolongar la siesta demasiado tarde en el día puede interferir con el sueño nocturno, alterando los ciclos naturales del descanso. Esto se traduce en dificultades para conciliar el sueño, disminución de la calidad del descanso y posibles impactos negativos en la memoria y el estado de ánimo.

Según los especialistas, la siesta corta no solo ayuda a recuperar energía, sino que también favorece la salud cognitiva y física, fortaleciendo funciones como la memoria, la atención y la respuesta inmunológica. Por eso, se recomienda incorporarla como un complemento y no como un sustituto del sueño nocturno, que sigue siendo fundamental para el bienestar.

En conclusión, tomar una siesta estratégica y breve puede ser un gran aliado para afrontar el día con más vitalidad y claridad mental. El secreto está en respetar los tiempos y escuchar las necesidades del cuerpo, evitando que el descanso diurno interfiera con la recuperación nocturna.

Con información de: UNO

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