El teléfono móvil se ha convertido en un elemento indispensable para cualquiera. La necesidad de estar siempre disponible y conectado con los demás se ha vuelto prácticamente una norma. Por ello, perder el móvil o simplemente quedarse sin batería y no poder cargarlo genera un miedo y un ëstrés que no existían hace apenas unos años.

La adicción al teléfono es tan común que, según el Instituto Europeo de la Salud y el Bienestar Social, el 33% de los jóvenes de 13 años nunca apagan su dispositivo, ni de día ni de noche.

«La memoria, hoy en día, en la mayoría de personas que utilizamos dispositivos como el teléfono inteligente, está parcialmente basada en la actividad de esa tecnología», explicaba Andrada, quien aseguraba que esto «tiene muchas connotaciones. Una de ellas es que, si alguien rompe tu móvil, no está simplemente dañando un objeto, sino que esa acción afecta tu vida mental y psicológica».

La filósofa remarca que «el impacto que han tenido los teléfonos móviles es muy profundo». Señala que estos dispositivos han influido en nuestra forma de recordar, en nuestra movilidad por la necesidad de contar con GPS y también en la percepción de nuestro cuerpo, debido a los filtros de belleza y la realidad aumentada que se utilizan en las principales redes sociales.

La investigadora también reconoce que las redes han traído aspectos positivos: «se forman grupos de personas, se organizan convocatorias para salir a la calle, crecen movimientos minoritarios o grupos sociales que antes no tenían voz». Sin embargo, también destaca el lado del control, que ha hecho que perder el móvil o estar sin él se convierta en una situación realmente desagradable para cualquiera.

Con información de: Psicología y Mente

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