Dormir siesta no es un hábito negativo, pero tampoco funciona de cualquier manera. Expertos en sueño coinciden en que este descanso puede ser beneficioso siempre que se realice bajo ciertas condiciones, especialmente en lo que respecta a su duración y el momento del día.
El especialista en sueño Alfredo Rodríguez-Muñoz explica que una siesta corta, de entre 20 y 30 minutos, puede mejorar el estado de alerta y el rendimiento durante la jornada. Este breve descanso permite recuperar energía sin generar sensación de pesadez ni interferir con el sueño nocturno.
El problema aparece cuando ese tiempo se excede. Dormir más de lo recomendado puede provocar lo que se conoce como “inercia del sueño”, una sensación de somnolencia y desorientación al despertar, además de dificultar conciliar el descanso por la noche.
Además, la necesidad de la siesta tiene una base biológica. Durante la tarde, el cuerpo experimenta una caída natural de energía relacionada con el ritmo circadiano, lo que explica por qué muchas personas sienten sueño después de comer.
En este contexto, la siesta se convierte en una herramienta útil si se utiliza correctamente. Más que eliminarla, los especialistas recomiendan adaptarla: breve, en el momento adecuado y sin sustituir el descanso nocturno, que sigue siendo fundamental para la salud.
Con información de: AS









