Las personas más inteligentes y creativas no siempre manifiestan sus actitudes de forma ordenada, o de forma cliché, como suele banalizarse en la ficción. Es decir, no siempre las personas inteligentes son aquellas que se encierran a la pieza a leer libros. Diferentes estudios han analizado qué hábitos o características suelen compartir quienes destacan en estos ámbitos, revelando patrones poco convencionales.
Un escritorio lleno de papeles, objetos diversos y apuntes sueltos puede generar un estímulo similar al ruido de fondo: activa la creatividad al romper con la rutina visual. El orden extremo, por el contrario, puede resultar inhibidor para el pensamiento innovador.
Algunas figuras históricas lo ilustran perfectamente. El escritorio de Albert Einstein, por ejemplo, se ha convertido casi en símbolo del genio desorganizado. Fotografías de su espacio de trabajo muestran una acumulación constante de papeles, objetos y libros. No hay señales de minimalismo, pero sí de una intensa actividad mental.
Es decir, no se trata de que tener una mesa desorganizada aumente el cociente intelectual, sino que quienes poseen un pensamiento más abstracto y creativo tienden a priorizar otras cosas.
Con información de: Q’Pasa









