De cara al estudio del sueño, uno de los aspectos más llamativos es el de las ensoñaciones (lo que coloquialmente llamamos los sueños): un estado alterado de consciencia de origen natural, en el que nuestro cerebro genera experiencias internas complejas. Se cree que la mayoría de las noches las personas tenemos estas ensoñaciones, aunque muchas veces no las recordemos al despertar.
De acuerdo con lo que sabemos, el sueño progresa a lo largo de varias fases durante la noche: una primera de sueño ligero (N1), otra segunda de sueño más profundo (N2), una tercera de sueño aún más profundo (N3), también llamada sueño de ondas lentas; y, por último, la fase de movimientos oculares rápidos (REM, por sus siglas en inglés), que es la más estrechamente asociada a las ensoñaciones.
Los análisis de este equipo de científicos arrojaron que las personas que tenían habitualmente una mayor duración de sueño profundo (y por tanto, normalmente más tiempo de sueño REM) tendían a recordar más a menudo lo que habían soñado. Otro hallazgo importante es que las personas jóvenes tendían a recordar más detalles que las más mayores.
En todo caso, sí que advierten de que no recordar los sueños no debe ser motivo de preocupación, y que de hecho es lo más común.
Con información de: El País









