Aunque existe la costumbre generalizada de cambiar las fundas o protectores de las almohadas con regularidad, los especialistas advierten que este hábito resulta insuficiente para garantizar una desinfección real. Las estructuras internas acumulan progresivamente fluidos corporales, partículas de descamación dérmica, bacteri@s y hongôs.

Para mitigar este foco de contamin@ción, los expertos aconsejan higienizar las piezas entre dos y tres veces por año, fijando además un periodo de renovación total que no supere los veinticuatro meses, evitando así perjuicios en el sistema respiratorio derivados de la proliferación de ácarôs.
Para evaluar el estado de utilidad de estos objetos, Michael Silva-Nash, ejecutivo de la firma Molly Maid, sugiere realizar una prueba de resistencia mecánica consistente en plegar la estructura por la mitad; si esta no recupera su fisonomía anatómica original o si desprende humedad perceptiva, debe ser desechada de inmediato.
Asimismo, el protocolo de lavado varía estrictamente según la composición molecular del producto, debiendo ejecutarse siempre con agua fría y eludiendo las limpiezas químicas en seco:
- Plumas: las variantes sintéticas admiten ciclos mecánicos delicados en lavadora a temperaturas superiores a los 40°C con centrifugado sutil, mientras que las de origen natural no deben someterse a inmersión.
- Látex: requieren exclusivamente un tratamiento manual con detergentes neutros, sumergiéndolas sin fricción y disponiendo su secado posterior a la sombra.
- Viscoelásticas: poseen propiedades que se degradan con el agua, por lo que solo se permite remover manchas superficiales de forma localizada, recomendándose el uso preventivo de coberturas dobles.
Con información: Agencias









