Cuando tu perro se acerca a tu cama, se recuesta sobre tu ropa o dedica varios minutos a olfatear tus zapatos, no lo hace por simple curiosidad. Para él, el olor es la principal herramienta para comprender el mundo. A través de ese sentido, mucho más desarrollado que el de los humanos, puede identificar emociones, rastrear cambios y reforzar la conexión con su persona de referencia.
Especialistas en comportamiento canino explican que los objetos impregnados con el aroma de su dueño funcionan como una extensión de su presencia. Es decir, cuando el perro huele una prenda tuya, no solo percibe un olor aislado, sino una combinación de señales químicas que le transmiten información sobre tu estado emocional, tus rutinas e incluso tu nivel de estrés. Para el animal, es una forma de “leerte” sin que estés físicamente allí.
Además, este gesto cumple una función emocional clave. Muchos perros experimentan una sensación de calma al estar en contacto con olores familiares, especialmente cuando se quedan solos en casa. El aroma de su tutor puede actuar como un regulador natural de ansiedad, ayudándolo a sentirse protegido y acompañado aun en ausencia.
También existe un componente social. Los perros son animales de manada y construyen vínculos profundos con quienes consideran parte de su grupo. Olfatear tus pertenencias es una manera de reforzar esa relación y reafirmar el lazo afectivo. No es invasión ni desobediencia: es comunicación en su propio lenguaje.
Por eso, los expertos recomiendan no reprender este comportamiento, salvo que derive en destrucción de objetos. En muchos casos, dejar una prenda con tu olor cuando el perro debe quedarse solo puede ser incluso beneficioso. Entender lo que siente cuando huele tus cosas no solo cambia la perspectiva, sino que fortalece la empatía y el vínculo que compartes con él.
Con información de: TN









