Un día en la Tierra, tal como lo conocemos, no dura exactamente 24 horas. Técnicamente, nuestro planeta tarda 23 horas, 56 minutos y 4 segundos en dar una vuelta completa sobre su eje, lo que se conoce como día sideral. Sin embargo, esa duración está cambiando muy lentamente, y esta es su explicación.
Cuando la Luna se formó hace unos 4.500 millones de años los días eran considerablemente más cortos. Según estudios, un día terrestre duraba menos de 19 horas. Desde entonces, el vínculo gravitacional entre la Tierra y la Luna ha actuado como un freno sutil pero constante sobre nuestro planeta.
Este «tirón» lunar genera mareas al atraer las aguas del planeta y forma abultamientos en los océanos. Esas protuberancias, que experimentamos como mareas altas y bajas, ejercen resistencia sobre la rotación terrestre lo que causa un giro cada vez más lento.
Pero la Luna no es la única culpable. Según Norman Murray, astrofísico del Instituto Canadiense de Astrofísica Teórica, el Sol también genera un efecto similar que provoca lo que se conoce como “mareas atmosféricas” que actúan como frenos adicionales.
Científicos de la Universidad Técnica de Múnich, en Alemania, lograron mejorar un instrumento clave en la medición del tiempo: el giróscopo láser. Gracias a esta mejora, detectaron que la rotación de la Tierra varía unos 6 milisegundos cada dos semanas, debido a múltiples factores naturales, como la fricción de los océanos y los cambios en el núcleo terrestre.
Basados en esta información, los expertos calculan que la duración de un día alcanzará las 25 horas dentro de aproximadamente 200 millones de años. Este hallazgo seria crucial para entender cómo evoluciona nuestro planeta.
Con información de EFE









