El calor corporal es un marcador de salud ensencial en muchos hogares. Hay personas que primero comprueban su temperatura con un termómetro en casa antes de acudir al médico o de tomarse una pastilla. El número que marque el instrumento adelanta un desajuste en la salud sin necesidad de aplicar procedimientos intrusivos o incómodos.
Muchos reconocerán que en ocasiones han sentido algo de calor, un grado por encima de su estado normal, y esto ha sido el primer síntoma de una enfermëdad general, como la gripe, la artritïs o una infeccïones de orina. Una temperatura del cuerpo estable es sinónimo de salud y cuando esta cambia, el cuerpo trabaja de distintas formas para regularlo. Estamos programados para limitar la circulación en las extremidades cuando estamos pasando frío y para sudar cuando el calor amênâza nuestra vida.
La medicina tradicional china encuentra en estos procesos un campo de estudio interesantísimo. Tal y como explica Liu Zheng, profesor experto en este sistema se entiende en calor como una energía vital que hace falta regular para prolongar la vida y evitar enfêrmêdades. «La temperatura del cuerpo es energía. Cuando entramos en una hipøtermia, que te puede llevar hasta la müêrte, porque baja la temperatura del cuerpo, la producción de esta temperatura, producción y mantenimiento de esta temperatura es manifestación de energía», declara.
Liu Zheng añade un dato que sorprenderá a muchos: «Los hombres somos muy calurosos antes de los 50 y a partir de los 50 le empieza a pasar a las mujeres justo al revés. Suelen ser más frioleras hasta el climatelio, entre los 45 y 65 años y a partir de ahí suelen ser más calorosas». Esta realidad biológica entra en juego cuando pensamos en las formas de cuidar nuestra salud y, especialmente, a través de la termorregulación. «Siempre tenemos que ajustar el alimento a tu cuerpo, al cuerpo del presente, en este momento», zanja.
Con información de: Clarín









