Para la investigación sobre vínculo infantil con animales viene mostrando que las mascotas pueden funcionar como confidentes no juzgadores. No siempre un chico busca a un adulto cuando algo le pesa. A veces elige otra vía: se sienta al lado del perro, abraza al gato y empieza a hablar. Lo interesante es que la ciencia no mira eso solo como una escena simpática, sino como una posible forma de descarga emocional segura.
Debido a que varios trabajos describen a las mascotas como una presencia estable, disponible y poco amënâzante para compartir sentimientos. Esa posibilidad de poner en palabras lo que pasa, aun frente a un interlocutor no humano, encaja bastante bien con lo que hoy se entiende por regulación emocional autónoma: la capacidad de tramitar emociones por uno mismo sin depender por completo de que otro resuelva o interprete todo.
Esta última conexión es una inferencia razonable a partir de la evidencia sobre mascotas como confidentes y salida segura para expresar sentimientos. La revisión sobre nïños y perros encontró que los animales pueden ser relevantes para el desarrollo de la empatía y también para la regulación y expresión emocional, lo que ayuda a entender por qué esta convivencia puede volverse una especie de apoyo silencioso en momentos difíciles.
Con información de: El Tiempo









