A cuatro días de la primera vuelta de las elecciones generales, el presidente brasileño y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, anunció este miércoles su intención de que el Gobierno adquiera una distribuidora de combustibles para ejercer un mayor control sobre los precios internos, en un contexto de alta volatilidad en el mercado internacional del crudo.

El mandatario criticó la privatización de la distribuidora BR durante la gestión de Jair Bolsonaro y justificó la medida frente a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, las cuales han elevado el precio del barril de petróleo por encima de los 100 dólares. Para mitigar el impacto, el Ejecutivo confirmó la continuidad del subsidio de 2,12 reales (0,41 dólares) por litro de diésel y advirtió sobre sanciones de hasta 500 millones de reales para las empresas que apliquen alzas injustificadas.

Defensor de un modelo desarrollista y del rol clave de las empresas paraestatales como Petrobras, Lula contrapuso su proyecto al de su principal rival electoral, el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, promotor de privatizaciones y recortes del gasto público. El mandatario rechazó además el alineamiento geopolítico propuesto por su contendor, afirmando que «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie», de cara a las elecciones de este domingo 4 de octubre, en las que más de 158 millones de votantes están convocados a las urnas.

Foto cortesía Shutterstock

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