A solo tres semanas de los comicios presidenciales, Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro entran en el tramo definitivo de una contienda marcada por la extrema polarización. Mientras el mandatario lidera una jornada nacional de movilización popular convocada por el Partido de los Trabajadores (PT) para ganar presencia en las calles, la oposición busca afianzar el avance que ha registrado en las últimas semanas.
La contienda refleja una disputa de voto a voto, según el más reciente estudio de Datafolha. Lula encabeza la primera vuelta fijada para el 4 de octubre con el 39% de la intención de voto, seguido de cerca por el hijo del exmandatario con un 35%. Sin embargo, la proyección hacia una eventual segunda vuelta sitúa a ambos candidatos en un empate técnico, lo que obliga a redoblar esfuerzos en este cierre de campaña.
El clima político se ha visto sacudido por el escándalo del Banco Master y la detención preventiva de su expropietario, Daniel Vorcaro. El levantamiento del secreto de sumario judicial ha generado roces e investigaciones en el seno de la Corte Suprema, salpicando tanto a magistrados como a Flávio Bolsonaro, a quien la Policía Federal investiga por presunta financiación irregular.
Ante esta volatilidad, el bloque oficialista enfoca su estrategia en visibilizar las sospechas judiciales que cercan al candidato de la derecha y defender el desempeño económico de la gestión actual, que destaca por niveles mínimos de desempleo e inflación bajo control.
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