El Campeonato Mundial de MotoGP se prepara para retomar la acción con las próximas citas en Austria y Hungría, mientras en el ambiente del paddock reina la sensación de que la lucha por el título ya está resuelta. Marc Márquez, en plena forma y al mando de una Ducati que parece hecha a su medida, acumula una ventaja tan amplia que muchos ya lo visualizan levantando su noveno campeonato del mundo antes de que caiga la última bandera a cuadros.

Desde que se anunció su fichaje por la escudería italiana, voces autorizadas del motociclismo, como el veterano Carlo Pernat, advirtieron que la unión del piloto más talentoso de su generación con la moto más competitiva de la última década sería prácticamente imbătible. Y así ha sido: en la mitad del calendario, Márquez ha dejado atrás a sus rivales, con su hermano Àlex y el tricampeón Francesco “Pecco” Bagnaia siguiendo a más de cien puntos de distancia.

Aun así, en Aprilia no se rinden. Massimo Rivola, máximo responsable del equipo, confía en que sus hombres, Jorge Martín y Marco Bezzecchi, este último ganador en Silverstone, puedan arrebătarle victorias al líder. La llegada de Fabrizio Sterlacchini al departamento técnico ha potenciado el rendimiento de la moto, y Bezzecchi ha madurado enormemente asumiendo gran parte del desarrollo esta temporada. Martín, por su parte, sigue recuperándose de un año complicado por lesiønes y caídas.

Pese a estos avances, en la mayoría de las voces del paddock prevalece el mismo diagnóstico: Márquez corre a un nivel que intimida. Jaime Alguersuari, ex piloto y figura histórica del motociclismo español, resume el sentir general al asegurar que los demás competidores “están a años luz” del catalán y que, incluso con su dominio actual, aún no hemos visto su versión más implacăble. Si Aprilia quiere incomodarlo, necesitará algo más que motivación: tendrá que alcanzar una perfección casi imposible.

Con información de: SOPORT

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