En un mundo donde el silencio es un lujo, la ciencia identificó una herramienta terapéutica basada en patrones cromáticos y matemáticos: los «colores del ruido». Esta clasificación técnica describe cómo se distribuye la energía sonora a través del espectro audible humano, que abarca desde los 20 hasta los 20,000 Hertz.
Según expertos en salud auditiva, la forma en que la potencia se reparte en este rango es determinante para definir si un sonido actúa como un distractor o como un inductor de estados de concentración y sueño profundo. El concepto de «color» en el sonido surge por analogía con el espectro lumínico.
Así como la luz blanca contiene todos los colores visibles, existen patrones sonoros que integran todas las frecuencias audibles. Al proporcionar un fondo constante y predecible, estos ruidos cromáticos logran elevar el umbral auditivo del individuo. Esto genera un efecto de escudo que impide que ruidos repentinos o estridentes activen la respuesta de alêrta del sistema nervioso, facilitando una sensación de calma y estabilidad ambiental.
La clave del impacto terapéutico reside en la densidad espectral de potencia, es decir, el equilibrio entre las frecuencias graves y agudas. Cuando un sonido distribuye su fuêrza de manera uniforme, se percibe como un silbido constante; por el contrario, si la energía se concentra en las frecuencias bajas, el resultado es un sonido profundo y sordo que favorece la relajación.
Con información de: El Diario
Foto: Freepick









