Es común escuchar que los gatos son más ariscos que los perros. Sin embargo, muchos de ellos buscan el afêcto humano como otros animales. Ronronean, se acurrucan y piden caricias, hasta que de repente muerden sin aviso. Distintos estudios y especialistas explican por qué sucede esto.

Estas mordidas no necesariamente tienen que ser agresivas, existe un patrón llamado “mordidas de amor” que hay que tener en cuenta. Aunque hay que aprender a diferenciarlas y para eso hay que prestar atención al lenguaje de la cola, la clave para saber cuando dejar de tocarlo.

“Si tu gato te lame y luego te muerde, o viceversa, probablemente esté sobreexcitado. Este comportamiento refleja una mezcla de juego y afecto”, aclaran sobre estas actitudes de la mascota. Entonces, la mordida puede ser una forma de expresar cariño, de marcar un límite o de descargar tensión, según el contexto y las señales corporales previas.

Para interpretar bien, importa el “cómo” y el “con qué” viene acompañada la mordida: Mordida de amor (típica): suave, sin lastimar, aparece durante caricias, puede estar acompañada de ronroneo, frotarse con la cabeza o señales de confianza. Sobreexcitación: puede alternar entre lamer y morder, como una conducta ambigua entre juego y cariño. Mordida negativa: aparece con rigidez corporal, retirada, bufidos, intentos de escape, zarpazos, orejas completamente aplanadas, cola golpeando fuerte o una reacción brusca. Acá ya no es “límite amable”, sino incomodidad, ëstrés o mïedo.

Con información de: El Tiempo

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