En lo más alto de los Andes venezolanos, donde el cielo toca la tierra y el viento susurra entre montañas, se encuentra una joya natural y tecnológica: el Sistema Teleférico Mukumbarí, el más alto y largo del mundo. Subirse a él no es simplemente un paseo: es una experiencia transformadora, un encuentro íntimo con la inmensidad de la Sierra Nevada de Mérida.

Durante los meses de lluvia y frío, cuando las nubes se abrazan con las cumbres y la nieve pinta de blanco los paisajes, el Mukumbarí se convierte en una sinfonía natural, donde el sonido de la lluvia se entrelaza con el crujido de la escarcha y el silencio majestuoso de la altitud. Cada parada del teleférico: Barinitas, La Montaña, La Aguada, Loma Redonda y Pico Espejo, regala un espectáculo distinto: desde exuberantes valles verdes hasta picos nevados que parecen salidos de un cuento nórdico.

Un susurro blanco desde las alturas

Los viajeros que ascienden hasta el punto más alto, a más de 4.765 metros sobre el nivel del mar, describen la experiencia como mística. Allí, entre niebla y copos de nieve, el mundo se detiene. Se respira paz. Se contempla la naturaleza en su estado más puro.

“Mukumbarí no es solo el teleférico más alto del mundo. Es un portal hacia lo sublime”, comentan muchos visitantes que suben no solo por la vista, sino por la sensación de libertad absoluta. La visita incluye senderos ecológicos, puntos panorámicos y la posibilidad de contemplar la Sierra Nevada vestida de gala: con nieve real, cayendo suave sobre los páramos.

Si buscas desconectarte del rüido, reconectar con la naturaleza y dejarte envolver por la magia de los Andes, Mukumbarí te espera con los brazos abiertos.

Con información de: RR.SS

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