Por más de dos horas, los fanáticos de Natalia Lafourcade reunidos en el Movistar Arena corearon las canciones de su más reciente álbum, homónimo a la gira, así como varios de sus temas más recordados. El público es un reflejo del artista. A partir de las 6:00 p.m., hora en que el Movistar Arena abrió sus puertas, las sillas negras y simétricas se fueron coloreando de olas florecidas con adornos de cabello, pendientes folclóricos y vestidos con detalles tejidos.

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Los asistentes se encontraron con un escenario distribuido en tres estaciones: primero una silla con un vestido rojo anatómicamente distribuido sobre sí, una máscara de un rostro abigotado ubicado en lo que sería la rodilla derecha del maniquí ausente, y en la cima, un arreglo herbal que emulaba una máscara; en la mitad, un piano de perfil al público con una serie de hojas blancas que cubrían ambos costados, cada una con pinturas minimalistas; a la derecha, quizás el espacio más cálido sobre las tablas, se veía una silla de madera y una mesita adornada con una lámpara antigua y una botella de vidrio, con una etiqueta que la presenta: “Mezcal de las cancioneras”.

Canciones acústicas con voces tan inconfundibles como las del argentino Leonardo Favio fueron el componente último del ambiente previo a la llegada de la cancionera Lafourcade. A las 9:15 p.m. una voz en off femenina dio la primera bienvenida a la presentación: “Esta es la radio Cancionera”. El segundo fue en inglés, cinco minutos después, y el tercero y último a las 9:22 p.m.

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Pasaron dos minutos y el recinto estalló en júbilo: las pantallas digitales, a lado y lado del escenario, mostraban a la protagonista de la noche. Estaba de espaldas a la cámara y de frente a una puerta, que instantes después se abrió para enfrentar a la cantante con la multitud. Con maletín en mano, María Natalia Lafourcade Silva caminó por la tarima y se sentó al piano. Husmeó la valija hasta toparse con sus partituras.

A las 9:27 p.m. sonó la primera nota musical de la noche. La melodía se adentró en un ambiente de memoria, y los ecos del recinto se llenaron de risas infantiles, aves, agua y más reminiscencias de un pasado quizás más certero. Finalmente, entre aplausos, flores y solicitudes de “otra” por parte del público, Natalia Lafourcade Salió victoriosa del escenario, con la promesa de volver a una plaza que siempre la recibirá con brazos y corazones abiertos.

Con información de: Vea

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